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La Propagación del caballo en América II
Por D. Justo L. del Río Moreno - Licenciado en Historia y Doctor en Historia de América.

Yeguas en libertad
Limitado el aporte andaluz, La Española se convirtió en el centro abastecedor de todas las expediciones de Conquista: Hojeda, Nicuesa, Ponce de León, Juan de Esquivel, Diego Velázquez, etc.,

iniciaron un comercio caballar hacia todo el ámbito caribeño regulado desde Santo Domingo y controlado por la clase dirigente de la isla.

El volumen de este tráfico lo hemos podido determinar para el caso de Puerto Rico, durante el periodo 1512-1517, y queda reflejado en la evolución de los precios. Entre 1512 y 1513, todos los ejemplares rondaban los 60 pesos, mientras que con posterioridad a 1514, los valores se reducían a cifras que oscilaban entre los 40-45 castellanos. A partir de 1516 y hasta que finalizan las exportaciones en 1517, la cuantía de los animales no sobrepasaba los 30 pesos, siendo corriente una tasación de 20 castellanos. Los sueldos de la época oscilaban entre 11-12 pesos, los más bajos, y 60-90 castellanos que percibían los miembros de la Administración.

Casi cuando estaban desapareciendo los mercados antillanos surgieron nuevas expectativas en tierra firme. Los españoles que habían quedado de la gran expedición de Pedrarias Dávila, a la vez que hacían correr la fama del oro, necesitaban caballos para las "entradas", demandas que eran complacidas desde La Española. En esta isla la reproducción de la caballada había llegado a tal grado que, ya en 1516, incluso exportaban a la península algunos buenos ejemplares.

Con posterioridad, en la década de 1520, las caballadas ya se habían extendido por todas las islas del Caribe. Junto a La Española, aparecieron nuevos productores en Puerto Rico, Cuba y Jamaica. Estas islas se configuraron como las plataformas o centros reguladores de todo el proceso de conquista. Pero sin duda alguna, el lugar que mayor relieve tuvo en organización y pertrechamiento de las huestes fue el puerto de Santo Domingo. Yeguada de D. José Colorado López
La importancia y protagonismo de esta ciudad tenía su origen en la confluencia de varios factores. Además de ser el destino de todas las flotas que partían de Sevilla, su situación geográfica privilegiada atraía -para abastecerse- a todas las expediciones que se dirigían al continente.

La ciudad contaba con la mayor red comercial que hasta la fecha se había establecido en América, abundancia de capitales, barcos, hombres, caballos y alimentos para complementar a las huestes. Además, la única Audiencia que había en el Nuevo Mundo radicaba en ella y este era el organismo que regulaba los aspectos legales del proceso de conquista.

El negocio de venta de caballos fue tan próspero que en 1523 los oidores decidieron prohibir la saca de yeguas de las islas del Caribe. Tras tres años de veda, en septiembre de 1526, se reanudó un tráfico que llevó a las Antillas esclavos y oro a cambio de los caballos que necesitaban las huestes que operaban en el continente. Este capital y mano de obra fueron destinados, en buena parte, a la minería, en el caso cubano, y a la economía de la caña azucarera, en Puerto Rico y La Española.

En las décadas de 1530-1540 se observa el desplazamiento de los mercados y la aparición de nuevos centros abastecedores. Las regiones demandantes pasaron a ser Santa Marta, Cartagena, Cumaná, Veragua, Venezuela y Perú. En el caso de la vertiente pacífica, Nueva España, Guatemala y Nicaragua se sumaron al proveimiento de los hombres que siguieron a Pizarro y Almagro.

Yeguas y potros de D. Manuel San Miguel No son acertadas las versiones que estiman el transporte de caballos a Indias desde España, a pesar de lo concertado en algunas capitulaciones. Una expedición son los casos de las expediciones de D. Pedro de Mendoza y de Cabeza de Vaca, con destino al río de la Plata. En general, el aporte andaluz en estas fechas -y en la década anterior- se resumía a un envío pequeño, pero constante de padrillos y ejemplares muy selectos.
Estos animales eran exportados para la procreación, como regalos caprichosos o por la estimación personal del emigrante; sirvan de ejemplos el équido que, en 1543, llevó Ilián Suárez de Carvajal a Pizarro, los seis sementales que, en 1535, transportó el virrey D. Antonio de Mendoza a México o el caballo que fletó en 1539 el adelantado Pascual de Andagoya "para su servicio".

Al final de 1540 se puede decir que, en todas las zonas del Nuevo Mundo donde había españoles, se habían establecido caballos, siendo regulada la cría por los distintos Cabildos indianos. Estos vigilaban y defendían la raza mediante revisiones periódicas de los padrillos por veterinarios, prohibición de la monta de los potros hasta los dos años, etc.


 

 
 


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